LA MEJOR BENDICIÓN ES LA DE HOY
“No, hermanos, yo no me creo todavia calificado, pero para mí ahora sólo vale lo que está adelante; y olvidando lo que dejé atrás.” (Filipenses 3:13).
Hoy — un espacio especial de tiempo que agarra la llave que bloquea las pesadillas de ayer y destranca los sueños de mañana”.
¿Qué ha perturbado nuestras vidas?
¿Por qué vivimos ansiosos, angustiados, sin paz y sin alegría, sin la vida abundante que Dios nos prometió?
¿Por qué nuestros labios se lamentan más qué alaban?
¿Por qué, en el jardín de nuestro día a día, cultivamos más dudas qué esperanzas?
¿Por qué nuestro semblante no tiene el brillo qué caracteriza una persona feliz?.
Es probable que el motivo principal sea el hecho de que aún estemos inquietos con los desalientos y chascos del pasado, con las frustraciones de los pasos mal dados, con las derrotas que parecen aún herir a nuestras almas.
Pero, si continuamos sufriendo todos esos traumas ya dejados para atrás,
¿donde encontraremos tiempo y oportunidades para buscar nuestros sueños del porvenir?
¿Donde hallaremos fuerzas para enfrentar y vencer nuevos reveses que aún encontraremos por en frente?
¿Donde iremos a adquirir el estímulo para abandonar el pesimismo y revestirnos del “más que vencedores”?
Es preciso que comprendamos que lo más importante para nosotros es la bendición de hoy. No la bendición que no experimentamos ayer y ni la que podremos recibir mañana. Es esa maravillosa bendición que necesitamos abrazar con todas nuestras fuerzas. Ella nos hará olvidar el fracaso anterior y nos llenará de aliento espiritual para seguir enfrente, sin miedo, sin ansiedad, sin inseguridad.
Jesús es nuestra bendición de hoy. 
Con Él vencemos las pesadillas de ayer y avanzamos,
con alegría, rumbo a los sueños de mañana.
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