SER FELIZ ES ALGO PERSONAL
Suena utópico, pero para ser feliz sólo hace falta
tomar la decisión de serlo.
Así de sencillo: La
felicidad no depende de terceros, de cosas materiales, fama o relaciones. La
felicidad depende de una actitud interior ante la vida, de una decisión
personal.
¡Si yo quiero ser feliz, seré feliz! Soy humano, tengo capacidad de sobra para serlo
por mi propia cuenta.
Por lo general, nos concentramos más en el tener y
el hacer, que en el ser.
Esto es algo que nos limita y acaba amargándonos la vida, porque nos lleva a no prestar la
debida atención a lo que esperamos de la vida y en qué estamos
dispuestos a dar de nosotros mismos para lograr la tan ansiada felicidad.
No establecemos un punto de partida, un momento de reflexión
sobre lo que es importante para nosotros, y vivimos la vida sin ponernos metas
y objetivos y perseguirlos.
¿Por qué no decidimos ser felices?
Deberíamos realizarnos un autoanálisis para asegurarnos de
si estamos poniendo esfuerzo en conseguir aquello que nos satisface,
si estos esfuerzos están orientados a satisfacer nuestras necesidades
auténticas, o si por el contrario sólo nos dejamos guiar por caprichos
impuestos por el entorno.
¿Por qué nos fijamos tanto en la felicidad de los
demás? Todo ser humano se expone a caer en la trampa que la vida moderna
nos impone, al hacernos creer que vivir en pareja es lo único que nos puede
hacer felices. Nos concentramos más en los triunfos de los demás que en seguir
nuestros propios instintos. No hemos
aprendido a categorizar a los demás para marcar una diferencia en nuestra
propia vida y en la vida de los demás, pensamos siempre en quienes tienen
más suerte que nosotros, o en la persona que a “pesar de tanto daño que nos ha
hecho, es tan feliz”.
Es necesario someternos a la reflexión, al descanso emocional,
tratar de olvidarnos de las quejas y la autocompasión para lograr una
existencia mas allá de lo material, más allá de lo que otros puedan tener, ser
o aparentar ser, tenemos que vivir la vida con más pasión hacia nosotros mismos.
¡Si lo decidimos, seremos felices!
Tenemos la capacidad de disfrutar de las personas que están
presentes en nuestra vida, aun así, nos lamentamos por quien ya no está.
Tenemos la capacidad de centrarnos en lo que tenemos, la
capacidad de otorgarnos a nosotros mismos una completa atención pensando en nuestra
propia felicidad. En lugar de ello, acabamos pensando en lo felices
que son las demás personas.
¡Qué desperdicio de capacidad y esfuerzo! ¿No?
La felicidad es un estado mental, una decisión
personal. Entonces, ¿por qué escogemos llorar por tiempo indefinido? Más aun,
¿por qué renunciamos a la posibilidad de ser felices con lo que tenemos y con
quienes están en nuestro entorno?
Siempre hay un
momento para empezar poniéndote a ti mismo en primer lugar,
¿es este tu momento?

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